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Esculturas monumentales, entre ciervos y pavos reales

Fecha
23 Dic, 2021
Medio
La Nación
Autor
María Paula Zacharías

Museo Campo Cañuelas en La Nación.

Durante el fin de semana se presentó el Museo Campo Cañuelas, un proyecto que estará funcionando a pleno en 2022 y sorprenderá con un circuito de esculturas monumentales de grandes artistas en el medio de un monte con árboles centenarios, por el que también pasean ciervos y pavos reales. En un antiguo galpón cerealero será emplazado este museo dedicado al arte moderno y contemporáneo, que está en construcción y albergará la colección permanente de la Fundación Tres Pinos. Ya está funcionando una sala de exposiciones temporales, una residencia para artistas con cuatro dormitorios y dos talleres.

El predio, en el km. 95 de la ruta 6, en Cañuelas, tiene 35 hectáreas y todo lo esperable en un entorno rural: un gran portón de hierro, un viejo molino, un aljibe, un par de tractores. Pero lo que lo hace único es el recorrido de dos kilómetros donde es posible encontrarse con una estructura de madera a la que se puede subir para mirar el horizonte. Es la obra El Atajo, de Luis Landet, que se vio en el museo Marco de La Boca durante este año y que ahora es parte de Bienalsur, con curaduría de Tainá Azeredo. “Pensé que la obra moría ahí, que la iba a desarmar y a utilizar la madera. Estoy feliz. Cambia totalmente su función. En el museo trastocaba el tránsito y la experiencia del espectador. Y en el campo, los fragmentos de las esculto-pinturas que hacían referencia al paisaje fueron reemplazados por una grilla que emula los bastidores y fragmenta la vista a la naturaleza. Esto le da un giro, y en los próximos años será escenario de obras de teatro, conciertos de música y proyección de piezas de mi archivo”, explica el artista, que tiene contrato por cinco años.

También está en marcha trabajo un trabajo de Luis Felipe Noé, que será uno de los primeros en instalarse por quince días a vivir y crear ahí: maravillado con lo que quedó de un árbol inmenso al que lo partió un rayo, está descubriendo las raíces y piensa intervenirlas con color una vez que logre montar el tronco ennegrecido sobre una pirámide de hierro que construyen para él los escultores Daniel Papaleo y Héctor Tassino. Piezas de cada uno de ellos dan la bienvenida al comienzo del recorrido.

El campo es propiedad de la familia Cadenas, que lleva adelante la Fundación Tres Pinos desde 2006 con la vocación de impulsar a los artistas. Mucho antes comenzaron a coleccionar arte Ricardo Cadenas y Alicia Teruel. “Durante la pandemia se le ocurrió a mi papá hacer este proyecto”, dice su hijo Rodrigo, que encabeza varios de los proyectos filantrópicos familiares. El galpón que albergará la colección es imponente: 1600 metros cuadrados, un techo de ocho metros de altura sostenido por columnas de demolición y una plaza seca. “Como fue construido para conservar semillas tiene condiciones de climatización superiores a las que requiere un museo”, dice.

Los Cadenas son los creadores del museo Marco de La Boca, del Museo de la Ilustración Gráfica del mismo barrio (que tiene 10.000 obras originales de humor gráfico, historieta, ilustración y animación), de varias residencias para artistas y de un sello editorial de libros de arte, entre otras cosas. También, del proyecto Arte Foco que estaba en el Bajo Autopista, con una sala de exposición y talleres de artistas, y que se acaba de mudar al nuevo edificio campestre. “Hay un juego de ida y vuelta entre el campo y la ciudad. Obras que se hicieron allá vienen acá y viceversa”, cuenta.

Es el caso de otra de las atracciones, una fortaleza de ladrillos y hierro construida por Gabriel Chaile, 70 veces 7. Ese cubo de tres metros de lado guardaba en su interior un huevo de gallina cuando se vio por primera vez en 2018 en la sala de Arte en Foco, entre paredes de vidrio y debajo del tráfico intenso. Ahora está en medio del verde. La obra nació comisionada por Tres Pinos para la muestra Cosas que el ojo no vio, que invitaba inspirarse en piezas de la colección de los Cadenas. Chaile partió de una obra de planos de León Ferrari y una pintura de Berni, Paisano con hornero, y la fundación financió la construcción que implicó unos 2000 ladrillos.

En el parque hay un busto dorado desmesurado tumbado en el pasto de Javier Bernasconi y el tobogán invertido de DOMA. A la noche se enciende una especie de antena que no emite, sino que capta señales, también de ese colectivo. Luego irán llegando más piezas de tamaño instalación de Juan Stoppani y Jean Yves Legavre, Andrés Paredes, Carola Zech, Rafael Parra Toro, Alexis Minkiewicz, y Lucila Gradín, entre otros. Delia Cancela está pensando también en instalarse para trabajar en una gran pintura en un rollo de papel de varios metros. Citadina como pocas –vive entre París y Buenos Aires–, llegó al lanzamiento del espacio con repelente en la cartera, pensando en una posible aventura.

El verde exterior tiene ecos en la muestra curada por Patricia Rizzo y Mariana Gioiosa, De materias salvajes y misterios florales: Poéticas Botánicas, donde creadores de distintas generaciones parten del mundo vegetal y sus procesos vitales para construir sus poéticas personales. “Es como una selva floral exuberante en medio de la pampa”, dice Marcela Cabutti, que integra la muestra con esculturas de flores de metal, inspirada en la poeta Marosa Di Giorgio. “Las hice especialmente para esta exposición porque cultivo pasionarias y logré que florecieran antes de tiempo de tanto mirarlas“, cuenta. Carola Rousso fotografía flores que congela y descongela, y también parte de un poeta: “Me fascinó el Diario de Eleusis de Arnaldo Calveyra”. Fernando Brizuela construye monstruos vegetales, herbarios y plantas de neón, hay dibujos de Santiago Gasquet, pinturas de Hernán Marina, un video y una fotografía de Adriana Bustos, libros y dibujos de Delia Cancela, pinturas con tintes naturales de Lucila Gradín, construcciones florales de Zoe Di Rienzo y un gabinete de científico de Pablo La Padula, que además hizo un primer relevamiento de plantas del lugar e imprimió registros con humo.

El público tendrá la posibilidad de interactuar con los artistas residentes durante actividades programadas a lo largo del año y jornadas abiertas, que serán anunciadas en la página web de la fundación y requerirán inscripción previa. La primera apertura será en enero. También habrá propuestas gastronómicas y zonas de recreación para disfrutar del parque arbolado, más allá de la visita al museo y al paseo escultórico. “Pensamos hacer un centro de interpretación de la naturaleza, entre otros proyectos de artistas reunidos en la exposición que darán contenido al parque”, adelanta Cadenas. La apertura al público general está prevista para mayo de 2022. También abrirá la convocatoria para artistas que quieran pasar una temporada de inspiración rural.